<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet type='text/xsl' href='http://shuboku.spaces.live.com/mmm2008-07-24_12.50/rsspretty.aspx?rssquery=en-US;http%3a%2f%2fshuboku.spaces.live.com%2fcategory%2fErrantes%2ffeed.rss' version='1.0'?><rss version="2.0" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:msn="http://schemas.microsoft.com/msn/spaces/2005/rss" xmlns:live="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:cf="http://www.microsoft.com/schemas/rss/core/2005" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"><channel><title>Lair of the Red Shark: Errantes</title><description /><link>http://shuboku.spaces.live.com/?_c11_BlogPart_BlogPart=blogview&amp;_c=BlogPart&amp;partqs=catErrantes</link><language>en-US</language><pubDate>Mon, 05 Nov 2007 18:14:58 GMT</pubDate><lastBuildDate>Mon, 05 Nov 2007 18:14:58 GMT</lastBuildDate><generator>Microsoft Spaces v1.1</generator><docs>http://www.rssboard.org/rss-specification</docs><ttl>60</ttl><cf:parentRSS>http://shuboku.spaces.live.com/blog/feed.rss</cf:parentRSS><live:type>blogcategory</live:type><live:identity><live:id>9127051352380906363</live:id><live:alias>shuboku</live:alias></live:identity><cf:listinfo><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="typelabel" label="Type" /><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="tag" label="Tag" /><cf:group element="category" label="Category" /><cf:sort element="pubDate" label="Date" data-type="date" default="true" /><cf:sort element="title" label="Title" data-type="string" /><cf:sort ns="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" element="comments" label="Comments" data-type="number" /></cf:listinfo><item><title>Capitulo 1a - Invencible</title><link>http://shuboku.spaces.live.com/Blog/cns!7EA9CCD909699B7B!163.entry</link><description>&lt;div&gt;&lt;font size=2&gt;
&lt;p&gt;  
&lt;p&gt;La espada silbó en el aire, trazando un arco a pocos milímetros de la cara del viejo. Siempre hacía lo mismo. En cada combate, siempre era igual. Esperaba hasta el instante anterior a que el golpe impactase, y se apartaba en el momento anterior al impacto. Sus movimientos eran suaves, fluídos, un baile de vida al compás de un concierto de muerte. Sus finos bigotes y su barba, espesa y larga pero suave, blanca como la nieve mas pura, ondeaban al viento con cada uno de sus gestos. Sus ojos, grises como la ceniza, pesados, como si estuviese a punto de caer en manos del sueño, se movían rápidamente, escrutando cada uno de los movimientos del chico, mostrando especial atencion a su mano izquierda. 
&lt;p align=center&gt;* * * 
&lt;p&gt;Su manejo de la espada era excepcionalmente bueno, incluso para un chico de 19 años. Pese a su edad, había derrotado a personas mucho mayores que él, y supuestamente más hábiles. La mayoría eran saqueadores, que aprovechaban que el lugar donde vivían estaba separado de las ciudades con gran afluencia de gente para intentar hacerse con cualquier cosa de valor que pudiesen hallar. En esas situaciones, el anciano simplemente se sentaba plácidamente, y ofrecía a los saqueadores cualquier bien de aquel lugar, siempre y cuando matasen al chico. Aquella propuesta en realidad no era tal, pues el resultado siempre acababa con el chico enfrentándose a quien fuese que viniese a molestarles. Pese a que su rostro nunca mostraba ningun sentimiento, parecía que al viejo le gustaba apostarse la vida del chico en cualquier tontería. Decía que eso le haría más fuerte y, que, si no conseguía sobrevivir, no valía la pena gastar más tiempo entrenándole. Un entrenamiento que parecía una forma de matar el tiempo, tal y como se comportaba. Nunca vió una sonrisa en su arrugado rostro, pero el chico habría jurado que disfrutaba con cada golpe que fallaba. 
&lt;p&gt;Pero esta vez había sido diferente. No tan solo por el viento que soplaba a ráfagas, de brisa a vendaval, para volver a ser suave, sino porque estaba decidido a derrotar al viejo. Siempre lo estaba, pero esta era la primera vez que realmente sentía que podría lograrlo. Con los años había aprendido a conocer al viejo, si bien no demasiado, lo suficiente como para saber que para matarlo se necesita más que la intención. Y esta vez, tenía algo más que la intención. 
&lt;p&gt;El viejo permanecía inmóvil, sus ropas anchas y grises, sucias, meciéndose con la brisa. Nubes de polvo se difuminaban en el ambiente, haciendo mas complicado el ya de por si imposible enfrentamieno en el que se encontraba una vez más. Lo miró entre la arena que se levantaba ante ellos, pensando cual sería su próximo movimiento. Atacarlo por lo que había decidido llamar su lado malo no era tan efectivo como parecía, pero cuando sus posibilidades de victoria eran mínimas, la desesperación le acababa gobernando sobre la razón. Así que decidio intentarlo, una vez más. 
&lt;p&gt;Lo que había llamado el &amp;quot;lado malo&amp;quot; era simplemente el flanco izquierdo del viejo. Desde que lo conocía, hacía ya años, al viejo le faltaba el brazo en ese lado, y no parecía querer ocultarlo. Cualquier ropa que vistiera la remataba anudando la manga izquierda sobre si misma, revelando el vacío y su debilidad. &amp;quot;Debilidad&amp;quot;. A Deinas no le parecia tal. Igual que desde siempre le había faltado el brazo, desde siempre había parecido luchar como si tuviese el doble que él. Ningún movimiento era suficientemente rápido, ningun golpe lo suficientemente fuerte, como para pillar desprevenido al viejo. Y el bastón que manejaba con la diestra parecía una extension más de su propio cuerpo, un brazo sin mano que golpeaba con más fuerza que cualquier hombre y llegaba mas allá que cualquier espada. 
&lt;p&gt;&amp;quot;Pese a todo,&amp;quot; -intentó convencerse- &amp;quot;no es mas que un viejo con un palo mal tallado.&amp;quot; 
&lt;p&gt;Empezó a caminar, con paso firme, hacia su adversario. Aceleró el paso, que pasó de un lento caminar a un trote y a una carrera. Era más lento que de costumbre, pero en sus ojos se reflejaba su resolución, sin un atisbo de temor. 
&lt;p align=center&gt;* * * 
&lt;p&gt;Aquello que le ralentizaba no era otra cosa mas que su botín de la pasada noche. Había bajado al pueblo como siempre, al encuentro de los que buscaban fama y poder, los que organizaban luchas en las calles, apostando sus pertenencias y su vida a cambio de alguien que le hubiese podido ofrecer algo de igual o mayor valor. Deinas había pasado varias noches en esas luchas, y su apuesta siempre era la mayor, apostando la casa del viejo y todas sus pertenencias. No le gustaba hacerlo, pero lo único de valor que tenia era aquello que no era suyo. Si lo perdiese, el viejo no dudaria en matarlo, a él y a cualquiera que pretendiese hacer caso de sus palabras y quitarle sus posesiones. Pero perder significaba morir, y ni siquiera el viejo podría hacerle daño una vez muerto. 
&lt;p&gt;Esa noche se había encontrado con un luchador borracho de gloria, alguien que proclamaba ser invencible y lucía un escudo ovalado en su mano izquierda, liso, de una plata pulida fina, que brillaba con luces ya apagadas y proyectaba reflejos de aquello que ya no existía. 
&lt;p&gt;- ¡¡Ante mi se mostró este escudo, encantado con las almas de mil poderosos hechiceros!! -gritaba el portador, un hombre menudo y delgado, con el torso pálido descubierto y unos finos pantalones de lino verde como única vestimenta-. ¡¡Se lo ofrezco, junto con mi vida, a aquel que logre arrebatarme a ambos!! 
&lt;p&gt;Su risa tronaba en la noche, mientras la gente retrocedía, intentando no mirarle a los ojos. Media docena de cuerpos inertes poblaban el suelo frente al hombre menudo. Habían sido convenientemente desnudados y todas sus posesiones se acumulaban contra la pared, tras el portador del escudo. 
&lt;p&gt;- ¡¡El escudo invencible, el objeto que los dioses me entregaron, mejorad mi apuesta, matadme, y sera vuestro junto con mi sangre!! - Su facilidad de palabra y gesticulación parecía mas la de un mercader ambulante que la de un guerrero experimentado. 
&lt;p&gt;&amp;quot;Un estúpido que se cree invencible por tener un escudo encantado.&amp;quot; -miró al suelo con expresión triste-. &amp;quot;Y seis estúpidos que creían que podrían ser algo mas que rateros y borrachos.&amp;quot; 
&lt;p&gt;Desenfundó su vieja espada y se abrió paso entre la gente, no tan en busca de gloria como de una pieza de equipo más con la que luchar contra su maestro. 
&lt;p&gt;  
&lt;p align=center&gt;* * * 
&lt;p&gt;La arena y el polvo dejaban una nube a su paso, una estela que se dejaba llevar por el viento y desaparecía en el aire. Nunca sonreía, pero pudo notar que al anciano no le hacia ninguna gracia aquel escudo. Se decía que los objetos encantados eran escasos y extremadamente poderosos, pues contenían el alma de aquellos hechiceros que los habían creado. En extrañas ocasiones, un encantamiento permanente los privaba de sus poderes para el resto de sus vidas. Normalmente, significaba su muerte instantánea. Y el viejo siempre habia parecido detestar esa idea. Sus ojos se centraban ahora en el escudo y, por primera vez, lo había visto prepararse para su ataque. Separó ligeramente las piernas y deslizó su mano hacia el extremo del bastón, apoyando la empuñadora redondeada y gruesa en la palma de la mano. Eso le ayudaría a tener el mayor rango de ataque posible, así que pensaba lanzarse contra él. Mientras el escudo fuese más rapido que el bastón, ganaría. 
&lt;p&gt;Su carrera llegaba a su fin; el escudo dejaba una estela plateada en el aire polvoriento, un recordatorio del camino que había tomado. Cuando se encontró a pocos metros del viejo, éste salto hacia adelante y, antes de darse cuenta, se encontraba dentro del rango de su inseparable arma. Esperó hasta ver hacia donde se dirigía el golpe para moverse. Mientras el escudo fuese más rapido que el bastón, ganaría. El golpe fue como un relámpago oscuro, pero estaba acostumbrado a ver atacar al viejo y sus reflejos habían mejorado con el tiempo. Se fijó en el movimiento de muñeca y supo hacia donde dirigía el golpe. No le daba tiempo a esquivarlo, pero aún podía... Mientras el escudo fuese mas rápido que el bastón, ganaría... Solo necesitaba... 
&lt;p&gt;Oyó un eco a su alrededor, un sonido vacío, metálico, un empujón repentino, y supo que había ganado. El bastón había dado en uno de los bordes del escudo, a escasos centímetros de su frente. El escudo absorbió gran parte del golpe, pero aun así el empujón lo había desequilibrado. Pero eso ya poco importaba. El &amp;quot;Amanecer de Todos los Soles&amp;quot;, como había llamado a aquel escudo, quizá no estaba encantado por mil hechiceros, pero no importaba el número. Estaba encantado con al menos uno, y parecía haber hecho un buen trabajo. Lo había probado antes de llegar a casa, colocándolo apoyado en la pared. Cada estocada que el escudo recibía, la devolvía con la misma fuerza, y la espada enrojecía levemente. La había golpeado con el puño, y casi se rompe el brazo, y le ardió la mano. El escudo quemaba como el sol de verano y devolvía cada golpe con tanta fuerza como la recibía. No sería invencible, pero era una pieza digna de portar. Y había parado al viejo. Lo único que cabía esperar era que el viejo cayese por su propia fuerza, y el bastón ardiera con el hechizo. Eso le daría la victoria, o suficiente tiempo como para rematarlo. Mientras el escudo fuese mas rápido que el bastón, ganaría. Y lo había sido. 
&lt;p&gt;Entonces, con un crujir sordo, el escudo se quebró. Se rompió en mil pedazos que saltaron por los aires. Alcanzó a ver entre el polvo y la arena la siempre serena tez del anciano, sus ojos grises ahora vivos con mil colores, y, ante ellos, el bastón, que le sacudió la cabeza, como una piedra lanzada por un niño, dejándolo inconsciente. 
&lt;p align=center&gt;* * * 
&lt;p align=center&gt;
&lt;p&gt;Se despertó en la oscuridad de la noche, en el mismo lugar en el que había caido. Los pedazos del escudo emitían una tenue luz que se elevaba hacia el cielo, como un alma clamando su libertad. Lágrimas de ira resbalaron por sus mejillas mientras, aun en el suelo, contemplaba el escudo roto. 
&lt;p&gt;- Un estúpido que se cree invencible por tener un escudo encantado - se dijo a si mismo. 
&lt;p&gt; &lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=9127051352380906363&amp;page=RSS%3a+Capitulo+1a+-+Invencible&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=shuboku.spaces.live.com&amp;amp;GT1=shuboku"&gt;</description><comments>http://shuboku.spaces.live.com/Blog/cns!7EA9CCD909699B7B!163.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://shuboku.spaces.live.com/Blog/cns!7EA9CCD909699B7B!163.entry</guid><pubDate>Mon, 12 Mar 2007 23:30:58 GMT</pubDate><slash:comments>2</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://shuboku.spaces.live.com/blog/cns!7EA9CCD909699B7B!163/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://shuboku.spaces.live.com/Blog/cns!7EA9CCD909699B7B!163.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2007-03-13T11:16:18Z</dcterms:modified></item></channel></rss>